Encuentros entre el potencial evocado y el potencial transferido
El potencial evocado y el potencial transferido se tocan en el espejo de dos realidades distintas y a distancia… separadas por un halo de memoria acrecentada… Un mapa se dibuja en la mente de quien sueña… es la luz haciéndose conciencia. La mirada y el recuerdo se cruzan en un trazo que deja un rastro espeso de ceniza, en el péndulo se mecen dos vidas que son una, entrelazadas… El cuerpo se adivina en el recuerdo, en la mirada que apenas reconocemos: Dos cuerpos alterados, alternados, en un aliento común… Dos cuerpos que son uno, se encuentran en silencio, se escuchan con los ojos, se abrazan con las manos, se adelgazan y se ensanchan como el rastro de una mancha de tinta que se expande sigilosa por la caja negra y la pantalla… Dos cuerpos que son uno que son tres o seis o mil, se tocan y la materia se crea y se destruye lentamente, hasta volver a la luz, de donde vino… Dos cuerpos ocupan el mismo espacio, al mismo tiempo, un cuerpo habita dos espacios simultáneamente, en un paisaje sonoro situado en un lugar que no es aquí ni allá. Dos cuerpos coaligados se comportan de distinta forma ante los ojos ajenos: El pudor y el placer dilata su entusiasmo. La mano se desplaza y se enamora de sí misma, se toca en otro plano, desata un accidente, una falla en el código, se mira en un espejo, el rostro de otro tú, que es yo, el dedo que dibuja sobre el vaho condensado en el cristal. La vida es una mancha que nos atraviesa… y sólo queda el polvo de la memoria bailando en el espacio. Dos cuerpos que son uno, anomalía cómplice, dos cuerpos que son humo, que son trazo efímero, distorsión y hallazgo, dos cuerpos que son ritmo y pasmo y gesto cotidiano… Dos cuerpos que son magia inician una conversación sin palabras, en un continuo sin pausa.
