El diablo está en los detalles–, dice Martina como si estuviera acompañada, con una ligera sonrisa que comenzaba a dibujarse en su rostro casi negro, antes de salir de la habitación sin puertas ni ventanas, meneando las caderas como si el diablo estuviera más bien en otra parte, debajo de su falda, jugando a las escondidas. El viento sale de …
La olla solar
